Un monolito bien hecho puede ser el camino más rápido a producción y el más fácil de operar: un deploy, un stack de logs, una base, una forma de depurar.
Microservicios brillan cuando hay múltiples equipos, dominios muy separados y necesidades de escalado independientes. Pero el precio es real: complejidad operativa.
Los principales costos: observabilidad (tracing), consistencia de datos (sagas/eventos), latencia de red, versionado de APIs y coordinación entre servicios.
Ventajas reales: boundaries claros, despliegues independientes, libertad tecnológica por dominio (con límites), y escalado granular.
Desventajas reales: más infraestructura, más superficies de falla, más esfuerzo en contratos, y más dificultad para cambios cross-cutting.
Si todavía no tienes product-market fit o el equipo es pequeño, un monolito modular suele ser superior. La clave es diseñar módulos con límites claros para migrar si creces.
Decidir bien es más importante que “seguir la tendencia”: tu arquitectura debe servir al equipo y al negocio, no al revés.